CULTURA Y CAMBIO ORGANIZACIONAL



En el contexto de las instituciones educativas, entendemos la cultura organizacional como todo el conjunto de valores, normas, creencias, prácticas y tradiciones definidas en el modelo educativo y que son el horizonte de la institución.


La “cultura organizacional” para (Shulekina, Novikova, Abayeva, 2021) es entendida como el resultado de la compleja interacción integradora de los participantes del proceso educativo y los diversos entornos de aprendizaje creados en el espacio de las organizaciones educativas; en este sentido, el rol de los diferentes actores que componen las instituciones es fundamental para la transformación de la gestión educativa a través de los procesos de cambio, “destacando la importancia de ser un líder que se preocupe por la realidad de la educación, que tenga herramientas suficientes para realizar gestiones que permitan las relaciones interpersonales, logrando mejoras con acciones de intereses para las Instituciones Educativas” (Hazek y Ortiz, 2021); así entonces, a fin de lograr el cambio organizacional, es fundamental consolidar equipos de trabajo con objetivos en común que les permitan armonizar y establecer un horizonte así como identificar las necesidades y el camino correcto para intervenir.   

EL CAMBIO ORGANIZACIONAL IMPLICA:


Movilizar personas y emociones, hacerlas conscientes de la necesidad y ventajas de cambio y compromiso; sin embargo, desde los mismos modelos estudiados ya se evidencia que este es uno de los retos más grandes para cualquier empresa o institución, es por eso que se requiere de la planeación de toda una estrategia que permita facilitar los procesos de cambio y adaptación desde iniciativas como la organización de ambientes de trabajo en equipo que permitan la participación creativa y la innovación para la planificación y solución de problemas.



El cambio organizacional no solo se refiere a la modificación de estructuras, procesos o tecnologías dentro de una institución, sino que también a la movilización de las personas y la gestión de sus emociones. Esto significa ayudarlas a tomar conciencia de la necesidad del cambio y de las ventajas que este puede traer, así como fomentar un verdadero compromiso con el proceso.

Por ello, no es suficiente con tomar decisiones aisladas o implementar acciones puntuales. Se requiere una estrategia cuidadosamente planificada que facilite la transición hacia nuevos escenarios. Esta estrategia debe considerar iniciativas concretas, como la reorganización de los ambientes de trabajo para promover la colaboración, la participación creativa y la innovación. De este modo, se generan condiciones propicias para la planificación colectiva y la solución efectiva de problemas, pilares fundamentales para una adaptación exitosa al cambio.






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